Mostrando entradas con la etiqueta Guayaquil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Guayaquil. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de febrero de 2013

Apellido Mariscal


Por Ezio Garay Arellano 


Apellido Mariscal
ARMAS: Escudo en Campo de sinople, dos fajas de oro (Archivo de María José Garay Contreras). Linaje vasco de Álava, desde donde se extendió por toda la Península.
Apellido muy antiguo en esta ciudad, nuestros archivos registran a:

I.-Capitán Juan de Mariscal (Villa de la Rambla, Andalucía, España), alcalde ordinario del Cabildo; casado con Ana Ponce de León Díaz Bravo y de Castro, descendiente de los primeros pobladores de Guayaquil; padres de:

II.-Capitán Juan de Mariscal y Ponce de León (Guayaquil), testó el 19.VI.1706; maestre de campo de la milicias de este partido, procurador general y mayordomo (1690), regidor (1693), alférez real (1695), notario y alguacil mayor del Santo Oficio de la Inquisición (1695), mayordomo del Hospital de la ciudad (1696); casado en Guayaquil el 2.VI.1689 con dote con Violante Suárez Cabeza de Vaca y Ramírez del Campo; sus hijos: Mariscal y Suárez: 1.-Ignacio Xavier, que sigue en III. 2.-Capitán José. 3.-Ana Rosa Antonia (Guayaquil 14.IX.1698); casada con el capitán Fernando Nieto de Camuñas y Urdanegui (Guayaquil), con larga descendencia. 4.-Nicolás (Guayaquil 20.IV.1701).

III.-Ignacio Xavier de Mariscal y Suárez, capitán de milicias, procurador general, alcalde ordinario, regidor del Cabildo de Guayaquil; casado con Teresa Manuela de Enderica y Urtarte; sus hijos: Mariscal y Enderica: 1.-Ana Teresa Ramona (Guayaquil 19.IV.1733); casada en Baba con Valentín Rodríguez Plaza y de Ayala (Baba). 2.-Juan Agustín Ignacio (Guayaquil 8.VIII.1735). 3.-Ignacio Miguel (Guayaquil 14.XI.1737). 4.-María Ignacia (Guayaquil 1740-23.VI.1807); casada con el alférez real Joaquín de Pareja y Troya (Baba), con lucida descendencia representada en la familia Pareja de Guayaquil.

Otro tronco familiar lo constituyó: 
I.-Diego de Mariscal; casado con Ana de Lascano; conocemos a su hija: 1.-Pascuala de Mariscal y Lascano (Guayaquil 20.VI.1698).
Conocemos un homónimo del anterior, venido de la ciudad de Santa Ana de los Cuatro Ríos de Cuenca:

I.-Diego de Mariscal; casado con Ana de Morales, naturales de la ciudad de Cuenca; padres de:

II.-Juan de Mariscal y Morales (Cuenca), se estableció en Guayaquil donde otorgó testamento el 13.IV.1744 ante el escribano José de Casanova; casado con Feliciana de Vera; sus hijos: Mariscal y Vera: 1.-Juan Matías. 2.-Francisco José. 3.-María, y 4.-Justo de la Cruz.

Asimismo, tenemos la familia que procreó:
I.-Tomás de Mariscal (Guayaquil 1735-17.VII.1794), vecino de Yaguachi (1772), teniente pedáneo de Ñauza (1783); casado con María Manuela Núñez y Espinosa de los Monteros; sus hijos: Mariscal y Núñez: 1.-Manuel, que continúa en II. 2.-María Francisca (Guayaquil 23.XII.1767). 3.-José Felipe (Guayaquil 31.VI.1778). 4.-Petra; que madre de: 4.1.-Antonia Miró y Mariscal; casada Manuel Morán de Butrón y del Castillo, con sucesión.

II.-Manuel de Mariscal y Núñez; casado dos veces: 1º con Bernabela Herrera; 2º con Dolores Iglesias; hijos de la primera Mariscal y Herrera: 1.-Mercedes (Guayaquil 17.V.1813); casada con su primo hermano Antonio A. Franco y Herrera. 2.-Manuel, que sigue en III.

III.-Manuel Mariscal y Herrera (Guayaquil 1815-6.VIII.1890); casado con Magdalena del Puerto e Iglesias; enlazó con Casimira Martínez; sus hijos: 1.-María del Carmen Mariscal y Martínez; casada con Mateo Feraud y Bodero, con hijos. 2.-Juan Francisco Mariscal y Martínez; enlazó con Magdalena Saona; con una hija. 3.-Francisco Sebastián Mariscal del Puerto, que continúa en IV.

IV.-Francisco Sebastián Mariscal del Puerto (Guayaquil 17.III.1845); casado Cruz Tama y Bodero; enlazó con Mercedes Alegría y Feraud; con descendencia: En 1ª generación: Mariscal Tama, Mariscal Alegría. En 2ª generación: Lascano Mariscal; y demás descendientes de estas apreciadas familias guayaquileñas.

• V.-Enrique Esteban Mariscal Tama (Guayaquil); casado dos veces: 1º con Sra. Molina; 2º con Luz María Meza Macías; con descendencia: En 2ª generación: hijas de la primera: 1.- Bertha Mariscal Molina. 2.- Matilde Mariscal Molina. 3.- Eva Mariscal Molina.  Hijos de Luz María Meza Macías: 1.- Julio Enrique Mariscal Meza. 2.- Greta Ruth Mariscal Meza. 3.- Dora Luz Mariscal Meza. 4.- Iddo Enrique Mariscal Meza. 5.- Eduardo Esteban  Mariscal Meza.

• Agregado por: Luis Enrique Cajamarca Mariscal
Apellido Mariscal en Ecuador

viernes, 29 de enero de 2010

Aráuz y sus niñas musas

El pintor guayaquileño Félix Aráuz Basantes
Nueva muestra del pintor, Félix Aráuz Basantes

Las pitusas, las flores, los árboles y la naturaleza en general vuelven a ser los protagonistas de la última exposición del conocido Artista de las caritas. Las obras se podrán admirar hasta el 25 de este mes.
Con la sencillez y humildad que siempre han caracterizado su personalidad, Félix Aráuz Basamtes, reconocido pintor guayaquileño de 74 años, expresa que sus obras siempre reflejarán imágenes de paisajes, árboles, pequeños animales y rostros de niñas de ojos grandes con decenas de flores en la cabeza.

Explica que no cambiará de personajes porque este es el recuerdo de su época de maestro de dibujo en varias escuelas fiscales, que duró cerca de 30 años, en donde conoció a cientos de pequeñas estudiantes que sirvieron de musas inspiradoras en sus diferentes muestras pictóricas.

La imagen de aquellas pupilas transmitía inocencia, ternura y paz, que es lo que trata de expresar en sus cuadros de lienzo trabajados con acrílico, comenta.
Una nueva muestra de estas obras, titulada Recuerdos, se ofrece desde hoy hasta el próximo 25 de este mes en las instalaciones del Art Inc. Gallery, en el C.C. La Torre, en la vía a Samborondón.

El denominado Artista de las caritas, por sus pinturas de rostros de niñas, sostiene que esta última exposición se la debe también a una nieta que estudia diseño gráfico y que es posible que siga los pasos de su abuelo. “Su infancia me inspiró a seguir pintando mis rostros con flores”, dice.

Mientras recorre la galería, comenta que no fue fácil iniciar su carrera de artista debido al poco respaldo que recibía de sus padres, quienes siempre se mostraron negativos con su vocación de pintor. Ambos fallecieron cuando Aráuz tenía 17 años de edad.
Tres años después consiguió estudiar pintura en la escuela municipal de Bellas Artes, con la ayuda de un hermano. “Allí aprendí mucho, tuve un grupo de maestros como Alfredo Palacio, César Andrade Faini y otros, que me enseñaron cosas valiosas”, relata.

Indica que es necesario partir de un punto de conocimiento para empezar una carrera profesional en cualquier oficio, pero que también es primordial hacer algo diferente, buscar su propio estilo.

“Cuando estaba en la escuela de Bellas Artes me gustaba el expresionismo de los pintores franceses, pero también opté por crear mi propio estilo hasta convertirme en el pintor de las caritas”, enfatiza el artista.

Mientras Aráuz ofrece datos de su exposición en la entrevista, su esposa, Nila Villafuerte, lo interrumpe e insiste: “Es bueno que se reconozca el talento de Félix. Él es un pintor que expresa mucho en sus cuadros y eso no lo hace cualquier artista”.
Desde hace cinco años, tiempo en que se jubiló como profesor, Aráuz refiere que le dedica más horas a la pintura, a sus caras de niñas con flores y pájaros a su alrededor.

El artista ha montado exposiciones de sus pinturas en Quito, Cuenca y otros puntos del país. Además, en galerías de los Estados Unidos, en las ciudades de Miami y Nueva York. Y también en Europa.


INFLUENCIA
El artista guayaquileño indica que su mayor influencia ha sido el pintor y grabador francés Georges Henri Rouault, que incursionó en el fauvismo y expresionismo. Este maestro del arte nació en 1871 y falleció en 1958.

Texto tomado de: Diario eluniverso.com

lunes, 25 de enero de 2010

La palabra nuestra de cada día


La palabra diferencia al hombre de todos los seres vivientes y lo diferencia de entre los hombres mismos, pues en el principio era el verbo, tal como expresa el precepto bíblico y el hombre no volvió a estar desnudo. La palabra cubrió su desnudez. La palabra es un vaso comunicante entre el Dios de la inocencia y el Dios de la ira, la que no permite que la humanidad muera de silencios, la que comprende el soliloquio del hombre y rompe los muros de su soledad. Con la palabra contamos cuentos, narramos leyendas, referimos la historia de nuestro pasado, nuestra sangre, nuestra estirpe y nuestras raíces atávicas, nos comunicamos con los muertos, con el pasado, con lo visible y lo invisible. Con la palabra llevamos a América a cuestas y la recorremos desde la sangre, piel adentro, esta América doliente que no quiere ser invisible, y la palabra está viva para cantar por ella. Está en el canto de Neruda y de Carrera Andrade, en la negritud de Aimé Cesaire y Antonio Preciado, en la voz de Atahualpa Yupanqui, de la negra Mercedes Sosa cuya ausencia aún nos duele, y en la palabra lacerada y lacerante que grita libertad, que clama por justicia en el Boletín y elegía de las mitas. Con la palabra no hay servidumbre ni claudicaciones. Con ella penetramos en la entraña de la vida para recorrer cada recodo de la tierra y del hombre. Con la palabra no permitimos el olvido, ella nos recuerda las cenizas de Manuela en Paita, las cruces flotando sobre el agua y la hoguera bárbara del magnicidio. La palabra nos saca del vientre de la vasija de barro y nos conduce nuevamente a ella, para completar el ciclo existencial.

La palabra es nuestra confidente y se dice sola, se empodera y nos domina. Ella describe la soledad, la vida y la muerte, y puede ser lanza bajo el costado, cuando duele desde la violencia y deja la llaga, y puede ser clarinada para detener todos los istmos y todos los laberintos del odio. Puede ser rebelde y contestataria, pero puede ser el vocablo que estremece a la humanidad, mientras van galopando nuevos jinetes apocalípticos, con el hambre y la muerte a cuestas, ella salva o condena. Y es que la palabra también acuña otras, porque no solo la belleza es cantada. Son aquellas que sobrecogen y laceran, son las que rompen la armonía del cosmos, son demasiado definitivas, son las que representan dolor, son antipalabras como guerra, miedo, muerte, injusticia, odio, violencia, falacia, holocausto. Entonces la palabra se enluta, la palabra llora cuando un ángel pierde sus alas, cuando a un niño se le vulnera la sonrisa.

Y ¿dónde queda la palabra ante el dolor de las mujeres del silencio? Es que las mujeres no deben vivir detrás del muro del miedo, ni detrás de una burka, ni deben ser violentadas, ni mutiladas.

La palabra es libertad, no hay jaula que la encarcele, ni silencio que la contenga, que nadie la viole, que nadie la mancille, dejemos que sobreviva nuevos diluvios. Por ello, hay que estar vigilantes de que no sobrevengan tiempos en que se pretenda acallarla, que no lleguen tiempos en que se ose silenciar al cantor, que se ose matar al ruiseñor. No podemos permitir que la palabra sea un gorrión sin alas. Si ella muere, todo habrá muerto. El hombre y su frágil existencia. La poesía y el trigo de la quimera. La rosa blanca de la vida y la paz. Y es que aún hay palabras por pronunciar. Hay parábolas que faltan por decir. Aún hay ternuras y sueños por cantar. Que esas palabras no pierdan su derecho al amanecer. Que la libertad no conozca de miedos, ni condicionamientos, ni haya sequía en la esperanza, porque la palabra tiene que ser liberación, sanación, promesa.

La palabra sobrevive a los tiempos, las eras, las civilizaciones y las mutaciones de la humanidad. Ella está escrita en piedra, en lava volcánica, en barro, en papiro y en piel, como los sorprendentes manuscritos del mar Muerto, y permanecerá más allá de la frágil y precaria existencia humana. La palabra es voz en los desiertos y es blanca, negra, mulata y mestiza. Tiene signos y caracteres. Es pasado y es futuro. Mas no permanece inmutable como la roca. Se transforma, avanza, crece, se rejuvenece y es el núcleo de la identidad que crea vínculos entre los pueblos, entre el hombre y su pasado, entre el hombre y su mañana.

Que la palabra nos acompañe siempre, que ella sea el ceremonial de la luz, el vaso comunicante entre todos los misterios, todos los designios y entre el paraíso y el juicio final.

Que ella construya, no destruya; que dignifique, no ultraje; que sea herramienta para la paz, no para el odio.

* Fragmentos de su ponencia ante la Academia Ecuatoriana de la Lengua, enero del 2010

La periodista y poeta Rosa Amelia Alvarado Roca asume título en la Academia de la Lengua.

Pintura de: BONDEZAN, tomada del blog: BONDEARTE

Texto tomado de: Diario eluniverso.com

sábado, 16 de enero de 2010

Enrique Tábara, a paso firme por su mundo del ‘Pata pata’

Escrito por: Jorge Martillo Monserrate

Tarde de sábado. Una luz de oro gastado ilumina a Enrique Tábara. Rodeado por sus cuadros más recientes, luce una cabellera plateada, pero la misma mirada y sonrisa maliciosa de años atrás. Conversamos en su residencia del Barrio del Centenario, a la que llega los fines de semana desde Cuatro Mangas (recinto a escasos kilómetros de Quevedo, provincia de Los Ríos), donde se refugia a pintar la obra que expondrá este año en el Museo IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno), de Valencia, España.

“Cuando veo un muro inca me emociono, ahí está dicho todo, siempre me ha impresionado esa síntesis arquitectónica”.
Enrique Tábara Zerna

Enrique Tábara Zerna nació en Guayaquil en 1930. Cuatro años después, buscando almejas en la playa de Puná, encontró unas torteras –diminutas piezas de cerámica– y viendo esos dibujos precolombinos de pelícanos, monos, pájaros y peces quedó hechizado por el arte. “Ese fue el primer momento que le cogí amor a todas esas culturas y formas artísticas que han inspirado mi trabajo”. Así empezó a dibujar. Años más tarde descubrió los colores a través de su hermana.

A los 16 años ingresó a la Escuela de Bellas Artes, pero se retiró en 1951 sin culminar sus estudios. Aunque cree que estudiar es vital para un artista en formación, siempre resalta a sus maestros: Hans Michaelson y Luis Martínez Serrano.

“Me retiré porque mi profesor de pintura, Michaelson, cuando estuvo delicado de salud salió de Bellas Artes. A mí me interesaba lo que me enseñaba, era bien exigente, quería que sus alumnos fueran muy buenos pintores. Él te decía: la pintura no es dibujo, la pintura es color, hay que manejar el color”. De Martínez Serrano cuenta: “Quería que dibujáramos perfecto y cuando no lo hacías se ponía furioso”.

Retornando al presente, Tábara opina que ahora los jóvenes pintores creen que nadie ha hecho arte antes de ellos. “Antes éramos rebeldes –expresa retrospectivamente– en el sentido de que no estábamos de acuerdo con el arte acaramelado que se hacía. Estábamos a favor del realismo social.

Admirábamos a Diógenes Paredes, a Guayasamín, a Kingman, hasta que se nos metió en la cabeza el arte abstracto”. Comenta que, por ejemplo, en el ITAE hay muchachos con talento “pero hay profesores que quieren imponerles su estilo y eso me parece mal, porque no puedes seguir los pasos de tu maestro”.
Tiempos del realismo social
Retirado de Bellas Artes, el joven Tábara frecuenta barrios marginales. Dibuja esos ambientes y personajes: escenas de salones de baile y bebidas, los niños carboneros del barrio Garay, las trabajadoras sexuales de la calle Machala, etcétera. Cuenta que una vez ingresó a uno de esos cuartos.

“La chica se desnudó y yo la dibujaba –recuerda como si la mujer aún estuviese frente él–. Se sorprendía que la alquilaba para dibujarla nomás, le pagaba y me llevaba mi buen dibujo, que luego transformaba en el estudio”.
Ese realismo social estuvo en su pintura hasta 1953, cuando se encaminó hacia el arte moderno. En 1955, a sus 25 años, viaja a España.

Durante 9 años, al confrontar su pintura con la de maestros europeos, entendió que había mucho por aprender. El pintor alemán Will Faber lo conectó con otros artistas como el poeta catalán Joan Brossa, líder del grupo de Barcelona. Luego de sus primeras exposiciones, el marchante suizo George Kasper le hizo un contrato de 5 años y realizó 15 exhibiciones en diversas ciudades del continente europeo. Experiencia que Tábara considera como su éxito. También valora que el escritor francés André Breton lo invitara a integrar junto con Salvador Dalí, Joan Miró y Eugenio Granell la delegación española para el Homenaje al Surrealismo.

Ese sábado, la conversación es una navegación entre el pasado y el presente. En el 2007 a pretexto de su postulación al Premio Velázquez, Tábara visitó España por varios meses. Triste comenta que casi todos sus amigos ya han muerto y que ese país ya no es el de antes “cuando había una cordialidad para todos los latinoamericanos porque éramos hijos de la madre patria. Ahora hay más bien un poco de frialdad hacia el extranjero”.
Nacimiento de ‘pata pata’
En 1964 regresó con la temática precolombina. Pero en 1968 creó la que es su huella digital: la serie de Pata pata: “El solo hecho de que a la gente no le gustaba me estimulaba a trabajar más –evoca después de 41 años–, experimenté con coloraciones que antes nunca había encontrado, tomaba apuntes que se transformaban en cuadros de piernas, luego piernas con zapatos y pantalones con zapatos”.

Después pintó paisajes e insectos que terminó fusionando con las inevitables patitas.

La luz dorada de ese sábado, se posa sobre sus cuadros más recientes que descansan en caballetes o cuelgan en la sala.

Enrique Tábara señalándolos, uno a uno, afirma que conforman una nueva etapa de su pintura. “Esta obra tiene un treinta por ciento de minimalista pero presente sigue el mundo de las patas, que es como mi otra firma”, explica rodeado por sus lienzos en solo dos o tres colores.

Son parte de los 50 cuadros que pinta en la tranquilidad de Cuatro Mangas exclusivamente para exponer en el museo de Valencia y que quizás titule Un homenaje a la América Precolombina, porque no ha podido borrar de su memoria las formas incas.

“Cuando veo un muro inca me emociono, –confiesa Tábara– ahí está dicho todo, siempre me ha impresionado esa síntesis arquitectónica”. Luego mostrará otra obra en Barcelona.
Recuerdo que hace diez años, planteó la idea de crear, en Guayaquil, el Museo Pata Pata para el cual él donaría 400 cuadros. Después impulsó la creación, en Cuatro Mangas, de un museo arqueológico para el cual ofreció donar su colección de 4.000 piezas arqueológicas y un terreno de una hectárea.

El actual Gobierno firmó una carta de intención para realizarlo, pero dice el pintor que hasta ahí llegaron las gestiones. La única certeza es que Enrique Tábara en la tranquilidad de su taller de Cuatro Mangas continúa creando, a trazo y paso firme, su mundo mágico de Pata Pata.

Texto tomado de: Diario eluniverso.com

martes, 13 de octubre de 2009

Pamela Cortés

Un reencuentro con su Guayaquil

La cantante ecuatoriana que radica en México se presentó recientemente junto al argentino Áxel, en el Teatro Ananyasí, de Panamá, país donde su nombre continúa vigente.

Es la segunda vez que visita Guayaquil en lo que va del año.

Su anterior arribo, a principios de mayo, pasó desapercibido, pues apenas permaneció 15 días debido a la gripe porcina que azotaba a México para esa fecha. En esta ocasión su estadía es por placer y se extiende por más de un mes.

La imagen de Pamela Cortés dista mucho de la ex “Paquita” de Xuxa, en los 90, pero conserva la sonrisa traviesa y esos ojos vivaces tan característicos de aquella “Pamelita”. 

Nos citamos con ella en una conocida cafetería de Urdesa, su rincón favorito cuando llega al Puerto Principal. Mientras tomaba su capuchino y ordenaba una humita, Pamela, a quien no se le ha pegado el acento mexicano, nos comenta de Cristales rotos, el quinto disco de su carrera y grabado enteramente en la nación norteña.

De esta producción compuesta por 10 canciones, 9 son de su autoría y en algunas de estas colaboró su hermano Claudio.

El sugestivo nombre del álbum responde -según Pamela- a que en algunas ocasiones le rompieron el corazón. “Lo que pasa con los compositores es que nosotros publicamos por lo que sentimos, pero en el corazón no hay reglas ni leyes”.

A la hora de morir por alguien, afirma que lo haría únicamente por su familia, pero cuando le preguntamos si lo hiciera por una pareja, ella responde: “No lo sé, no he llegado a ese punto, pero no lo haría por despecho”.

Mientras saborea con gusto la humita, denota alegría de verse con sus amigas más tarde, entre las que se encuentra Flor María Palomeque.

“Nos reunimos y hacemos cangrejadas o desayunos.

Conversamos largamente. Cada vez que vengo a Guayaquil no me resisto a los cangrejos y al encebollado, los como de cajón; también el sánduche de chancho y la humita con su buen café. Por suerte digiero mucho y no engordo. Debería rodar, soy buen diente”, manifiesta entre risas, aclarando que su organismo se mantiene bien, comiendo cinco veces al día.

La intérprete de Dicen retomó la gimnasia hace 2 meses, pero no se priva de nada a la hora de dar gusto al paladar. “En México todo es delicioso, me encantan los tacos y hay una amplia variedad de estos, como los de gusanito de maguey que son una delicia. Amo las tortillas y el guacamole”.
Es que el arte culinario es otra de las cualidades de Pamela Cortés, cuya sazón es reconocida por quienes la conocen a la hora de elaborar platos chilenos, peruanos ecuatorianos o mexicanos.

“El otro día hice una cazuela de pescado riquísima. Estoy consciente de lo que llevo a mi estómago. Si un día como dulces sé que al siguiente no podré hacerlo, tendré que bajarlos. Pero entiendo que a un migrante le resulte tentador el arroz con menestra, carne frita y patacones, y convertirse en un marrano completo” (risas).

Retomando su carrera en la tierra del tequila, señala que en el último año pudo explotar su carrera como compositora en Televisa. Melodías como No quiero y Te extraño, que se desprenden de Cristales rotos, sonaron en producciones como Alma de Hierro, que obtuvo el premio a Mejor Telenovela 2008 en México.

Aunque supimos que Pamela vive en Polanco, una de las zonas más exclusivas del DF (antes vivía en La Condesa), es de quienes deja su auto parqueado para subirse al metro o a un bus que la lleve al centro. “Es chévere, lo sigo haciendo porque disfruto conocer todos los lados y rincones en la ciudad donde vivo”.

Amante del arte mexicano, una de sus artistas favoritas es la célebre pintora Frida Kahlo. Tuvo la oportunidad de tratar a algunos de sus parientes.

“Ellos mantienen vivo su legado. Han sacado productos como el tequila Frida Kahlo. El año pasado acudí a una exposición en el Palacio de Bellas Artes, donde se exhibieron las cartas que intercambió con Diego Rivera durante el tiempo que fueron pareja. Empecé a llorar con el contenido de esas misivas y pensando que por ahí pasaron sus manos. La admiré de toda la vida. Mi mamá también rompió en llanto al momento de tocar sus collares”.

Siendo también una apasionada del folclor latinoamericano, no descarta la idea de grabar un disco de rancheras, siempre y cuando “me dé la raza”.
Géneros como el pasillo, el bolero y la salsa forman parte de su música predilecta.

Respecto a su corte de pelo, enfatiza que carece de algún concepto y no tiene nada que ver con el estilo Emo, pues menciona que su cabello no lo tiene pegado a la frente.

“Simplemente tuve ganas de cubrirme la mitad del rostro, el cuello y la oreja.

Disfruté hacerlo. Puede que me cambie de look más adelante. Me pongo tratamientos hidratantes, y para lograr el peinado de ahora me sometí a alisados permanentes para que el cabello tenga su caída y así evitar los rizos, pero no lo hago más porque -como te digo- cambiaré mi apariencia”.

Pamela es de las mujeres que jamás madruga. Se levanta usualmente a las 10:00, dependiendo de la agenda de trabajo que haya mantenido el día anterior. Conserva todo lo que hizo en Ecuavisa en su época de El Rincón de los Bajitos.

“En este instante no me llama la atención conducir un espacio en la televisión. Pero sí quiero actuar, he hablado al respecto con varios directivos, solo que la prioridad en este instante es componer. Me encantaría que algún día Ednita Nazario, Alejandra Guzmán o Gloria Trevi interpretaran algunos de mis temas. Las madrugadas y las noches lluviosas son las de mayor inspiración para mí.”.

Sentimentalmente, Pamela está sin pareja, pero asegura que su prototipo de hombre apunta a aquel que le demuestre confianza y apoyo.

“Me agradan los tipos con carácter, pero no los mandones ni dominantes, ahí sí que no, los echo enseguida. Físicamente no me importa si son gordos, flacos, altos o bajos. Primero me enamoro de su personalidad y después los veo bonitos. Sigo esperando a esa persona; si hubiera aparecido, estaría casada y encargando un bebé.

TEXTO: Santiago San Miguel P.
FOTOS: Gerardo Menoscal / EXPRESO y Cortesía

Texto tomado de: Diario Expreso 

viernes, 9 de octubre de 2009

Guayaquil independiente, 189 años después

Barrio las Peñas

La historia recoge que la independencia de Guayaquil fue un ejemplo que siguieron el resto de ciudades para liberarse del mando español. En ella, participaron auténticos patriotas que no fueron improvisados, sino que se trató de hombres y mujeres que se habían preparado durante años por poner un ejemplo, José Joaquín de Olmedo y Maruri para encarar el inmenso desafío de ser los líderes que conseguirían la libertad. Más que una acción militar, se trató de un movimiento cívico que tenía muy en cuenta su entorno: se analizaron las circunstancias internacionales, se midió el peso que aún mantenía la Corona española y se contó con verdaderos estrategas que dirigían las tropas.

José Joaquín de Olmedo y Maruri.

Es bueno recordar aquello ahora que celebramos 189 años de esa gesta. No solo para enaltecer a los patriotas, sino para relevar que esta ciudad se ha caracterizado en la historia por sentar precedentes que han hecho bien al resto del país. Las luchas guayaquileñas se han caracterizado por defender valores supremos como la libertad, y esa tradición se ha transmitido a través de las distintas generaciones. Actualmente, ese espíritu de rebeldía ante los intentos de acallar la voz de la ciudad se mantiene y toma muchas veces cuerpo cuando los atropellos rebasan las palabras y llegan a hechos que lastiman el progreso de la comunidad. Marcar los caminos se ha convertido en el destino de Guayaquil, en donde confluyen para su beneficio no solo los anhelos de quienes han nacido en estas tierras, sino de todos los ecuatorianos que han venido a esta ciudad a buscar mejores días. Por eso, los intereses de Guayaquil son del Ecuador entero. Por eso, es trascendente que las autoridades locales designadas para liderar su desarrollo cumplan su tarea con eficiencia. Por eso, es fundamental que las autoridades del Gobierno nacional entiendan la dinámica de la ciudad más grande del país y propicien un diálogo permanente con quienes la representan. Aquello no está ocurriendo, y eso se refleja en las pugnas que ni siquiera se dan una tregua en estas fechas. El único resultado que se consigue con ello es retrasar el imparable progreso que Guayaquil, con su propio ritmo de trabajo, demanda para beneficio de quienes la habitan. Eludir los acuerdos políticos solo hace daño, y el primer paso para conseguirlos es respetar los avances que en materia de autonomía han permitido un evidente desarrollo de la urbe. No hacerlo es cerrar los ojos.



Hoy es un día propicio para recordar los valores de libertad que tuvieron quienes protagonizaron el 9 de Octubre de 1820 y ayudaron también con ello al nacimiento de nuestra república. El mejor homenaje que se les puede rendir es que nuestros actuales mandatarios intenten estar a la altura del legado que nos dejaron.

Texto tomado de: Diario HOY

martes, 6 de octubre de 2009

Nuevo concepto de hospedaje



En Guayaquil se abre una nueva opción para visitar y hospedarse en el centro de la ciudad, y además disfrutar del arte.



Qué delicioso sería despertar, ver el amanecer y descansar por las noches en un ambiente tranquilo y relajado, fuera del bullicio del casco comercial del Puerto Principal, ávido de progreso y modernidad. Ciudad convertida en una jungla de concreto, donde sus árboles son los edificios, su césped el pavimento y el canto de las aves es reemplazado por el sonido de las bocinas de los automotores.

Parecería que ya no existieran sitios que trasmitan esa paz dentro de
Guayaquil, y que para encontrarlo necesitamos salir de ella. 

Sin embargo, no es verdad. A pocas calles del antiguo bulevar 9 de Octubre, recostado en el Malecón, existe un lugar que esconde esa magia extraviada. Atravesando un umbral de madera, subiendo unas escaleras semialfombradas, donde se esconden las pisadas del pasado, con pisos y paredes enlucidas en baldosa, dignas de un Guayaquil tradicional, que nos conducen a las puertas de la mansedumbre. 

Con imponentes paredes y arquitectura de estilo español e imitación de principios de siglo, que se mezcla lo moderno, y surge
Manso Boutique. Un lugar que desde su nacimiento en el año 2008 busca cambiar los conceptos hoteleros de Guayaquil.



Rompiendo esquemas, y posicionándose como el primer hostal boutique del país, Manso genera curiosidad y atracción en nacionales y extranjeros. Aunque su nombre insinúe en nuestro imaginario una sensación de almacén o "mall" donde se acude únicamente a comprar ropa. Se trata de un lugar que ofrece mucho más.

El Ecuador no conocía el término "boutique" para un hotel. Sin embargo, alrededor del mundo ya son varios los que se acogen a esta modalidad como sinónimo de diseño.

En otras palabras, un hostal con diseño, como comenta Ricardo Cevallos Estarellas, dueño del lugar. Cada ambiente y habitación está pensado con criterio de diseñadores de moda.

Al recorrer el sitio, desde la recepción, pasando por la cafetería (contigua al balcón que da a la calle), continuando por el living room (sala común), avanzando por el corredor e ingresando a los patios internos, dormitorios y cocina, se observan decenas de detalles y objetos decorativos elaborados por diseñadores ecuatorianos y extranjeros. Esos que al mirarlos en detalle generan el anhelado ambiente de tranquilidad, sin olvidar la elegancia.



"Tenemos influencia europea, oriental, ecuatoriana. Todo está creado con un concepto de diseño y relajación", afirma Cevallos. 

Cada rincón, a manera de galería, exhibe muebles de sala, comedor, lámparas, fuentes y elementos decorativos de artistas como Rafael López, especializado en diseños ecológicos y vanguardistas. Las creaciones de la diseñadora Daniela Ramírez, quien elabora lámparas hechas a base de papel reciclado, tienen un sitio allí, así como las mesas esquineras de la artista argentina Bárbara Barberi. Elementos que a simple vista parecerían ajenos al alcance de los visitantes. Sin embargo, "pueden ser adquiridos", comenta Cevallos. "Hemos elaborado marcos de bambú con los nombres de los diseñadores, ya que no todo está en venta".

Otra aplicación del concepto boutique es el juego de colores.
Cada habitación tiene el nombre de un color, y a partir de eso se crean los ambientes, adecuados con detalles llamativos. Los colores utilizados para los seis dormitorios son el ámbar, blanco, naranja, verde, azul y rosa.

Una pared de caña y luces verdes, que crean un ambiente de naturaleza, es la imagen que ofrece la sala verde. La azul exhibe camas metalizadas y la luz de neón del mismo color genera sensaciones de modernidad. O la rosa, que inspira un sentimiento más familiar. Cada área evoca emociones, que en conjunto consiguen la armonía esperada.

En medio del hostal, en uno de los patios internos, está la sala ZEN. Un sitio adecuado al estilo oriental que le confiere equilibrio a todo el ambiente. "Aquí los huéspedes se sientan a conversar y descansar". Ahí, la decoración sigue siendo protagonista, con asientos traídos de Tailandia, aclara Cevallos.

Si las personas prefieren descansar a un estilo más local, pueden hacerlo en el patio de las hamacas, ubicado al final del corredor.
"A diferencia de los hoteles, aquí los espacios son cálidos, puedes disfrutar del arte. Es más integrado y los huéspedes responden a eso. Siempre dejan las habitaciones abiertas. Caminan sin zapatos, entran a la cocina, como un verdadero hostal, pero no como los que tradicionalmente han existido en Guayaquil", aclara, refiriéndose a los denominados sitios de "mala muerte".

Para complementar las sensaciones, el paladar no queda fuera. Rosa Villacrés, chef y copropietaria, comenta que su menú es el complemento perfecto para el concepto del hostal. Acorde con la relajación, la comida nutritiva es la más adecuada. "Siempre tratamos de hacer un menú amplio con opciones vegetarianas muy variadas, aunque también incluyen pollo, mariscos y pescado. 

Hay platos típicos de comida internacional, adaptados con ingredientes locales". La quinua y la lenteja están entre ellos, y forman parte de las hamburguesas y platos fuertes. 

Un Manso que nos trasmite mensajes nuevos, nos traslada a otras épocas y juega con nuestros sentidos a cada paso que damos.


Night bazar

Cada tres meses, por un fin de semana, el hostal descansa y se convierte en un bazar. Los diseñadores y artistas se apoderan de los cuartos, corredores y salones para exhibir sus diseños y creaciones, los cuales pueden ser comprados al instante. El próximo octubre se realizará el cuarto evento, el cual tiene buenas expectativas, ya que según comenta Cevallos "los anteriores han tenido buena acogida". ¿Pero por qué Night bazar? (Noche de bazar). Sencillo, se realiza de 19:00 a 1:00, con el propósito de recibir en una noche fresca a los visitantes y que puedan parquearse en el ya no tan congestionado centro.

Los martes artísticos de Manso

Aparte de ofrecer un servicio hotelero, Manso abre sus puertas al público en general con eventos especiales promocionados por la cafetería. Cada martes por la noche, se visten de gala y abren un espacio cultural para el deleite de los guayaquileños.

Son los denominados Martes de Arte, en los que el cine, la música, el teatro y las conferencias son los protagonistas de la noche. "Hace poco tuvimos al grupo Los Brigantes, que hicieron una noche de blues. En las noches de cine experimental, se abre un foro en un formato muy relajado.

El teatro está a cargo de Marina Salvarezza, y las conferencias tratan sobre temas especializados en medicina alternativa y natural", comenta Cevallos.


Redacción Semana - colomboc@granasa.com.ec  
Fotos: Jonathan miranda 
Texto tomado de: Diario Expreso 

miércoles, 12 de agosto de 2009

Beatriz Gil Parra

”Todo lo que hago sale de mis entrañas”

Desde su hogar la cantante guayaquileña, habla por primera vez del dolor de perder a un ser querido, el valor de las cosas simples de la vida y el amor infinito a la música.

Da igual que hable o cante. Siempre lo hace con ímpetu, pasión y convicción. Sus grandes y vivaces ojos van de la mano con los gestos y acciones que marcan cada movimiento de su cuerpo.

    Beatriz Gil Parra y su mamá Beatriz Parra Durango 

Fuera del escenario, es una mujer sencilla, nada vanidosa. Para las fotos de esta entrevista no se puso un traje especial.

El discreto maquillaje resaltaba su bronceada piel. Estaba en su casa y así quiso ser captada, sin poses y al natural. Su primogénito Enrique Silva, permaneció vigilante mientras navegaba en su computadora. Su hermano Sebastián Medrano se le unió más tarde.

El rincón favorito de la soprano guayaquileña invita a la quietud y al sosiego. 
“Soy amante de lo que es el universo. Me gusta mucho la Luna, y todo lo concerniente a la astrología. Leo a Osho. No soy taoista ni mucho menos, pero obtengo paz al desprenderme de lo material. Con la enfermedad de mi padre aprendí a dar una mayor importancia a la familia y a las personas que quiero”. 
Es que “Pelusa” como la llaman sus más allegados también experimentó el dolor.

Hace un mes recién debió aceptar la partida de su progenitor
Enrique Gil Calderón.

Beatriz Gil Parra confiesa que su esquema de vida se vino abajo cuando él falleció.
“En ese instante me di cuenta lo importante que era en mi vida, porque él llenaba mis espacios. Ante su ausencia tuve que cubrir esos afectos y prioridades. Sentí mucha rabia, dolor, impotencia y soledad. Pero el tiempo es el mejor aliado para superar el sufrimiento y no estancarse. Lo asimilé y empecé a alejarme de todos quienes me lo recordaban”.

De su papá, señala que se queda con su carácter, el amor a la vida y el poder reírse de todo lo que le acontecía, aunque sea triste, feo o malo.

“Él siempre se reía de sí mismo primero antes que de otro. A mi padre lo pienso 30 veces al día, está presente en cada cosa. Fue la persona que me ayudó a criar a mis hijos, le consultaba todo, hasta la selección de cada repertorio. Éramos cómplices”.

¿Qué vas a hacer cuando yo me vaya? le preguntó el desaparecido músico a su hija.

“Asumo que llorar”, respondió. A lo que él le replicó: “No seas boba, llora un ratito y después goza y disfruta la vida porque es tan corta pero hermosa. Yo te enseñé todo lo que tenías que hacer, ya te darás cuenta”.

Beatriz se percata de que aunque la despedida con “don Kily” fue larga, al enterarse de la leucemia. “Estaba consciente que iba a perderlo, pero tuvimos la oportunidad de reencontrarnos y dejar en claro muchas cosas”.

“Me despedí tranquila y con la conciencia limpia porque estuve con él hasta el final”.

Al referirse a su madre, Beatriz Parra Durango, indica con emoción mientras sonríe, que heredó su constancia, perseverancia y el amor al arte.

“Todo lo que consiguió mi mamá fue a base de su tesón y el amor a la profesión, además fue estupenda hija. Eso es lo mejor que guardo de mi mamá”.

Amante del mar y la tierra, no le gustan los adornos de porcelana, se inclina por las artesanías. Así se explica que los objetos de madera sean los que más predominen en su casa. Únicamente se halla una escultura de mármol, reliquia, de su abuela Alejandrina Gilbert Pontón.

Detesta guardar cosas o conservar ropa que no utiliza. Prefiere regalar o botar, porque según dice, estancan energías.

Memorias de sus viajes por Egipto, Cuba, México, Perú, Chile, Argentina y Rusia, país donde residió y estudió por 6 años, viven en sus aparadores, vitrinas, mesas y su vistoso bar.

Su ciudad preferida es París pero recientemente quedó atrapada con la belleza de Barcelona, España. Su mayor adicción se llama Latinoamérica.
“Nada se compara con nuestro continente”, sentencia.

En la antesala de su hogar, mientras el reportero gráfico le pide que cante, sus tersos dedos se apoyan en el piano para interpretar una maravillosa versión de Ay, del amor, del cubano Mike Porcel y los cautivantes tangos Dos extraños y Sin palabras.

Mientras conversamos con Beatriz Gil Parra, llegan los músicos Alejandro Cañote, Luis González, Enrique Silva, Fernando Gil y Luis Izurieta. Es un día más para ensayar el repertorio de lo que será el concierto Esencia de mujer que ofrecerá el 12 de agosto a las 20:00 en el teatro Fedenador, donde
Patricia González tendrá una intervención especial.

La artista explica que bautizó al show con ese título porque es un homenaje a las mujeres que admira y que forman parte de la historia de la música.

“Todo lo que interpreto sale siempre de mis entrañas, de lo contrario no lo hago. Saqué uno de los 22 temas del repertorio porque no me identificaba con él”.

Entre las cantantes que forman parte del tributo están: Libertad Lamarque, Rocío Dúrcal, Rocío Jurado, Lupita D’Alessio, Angélica María, Myriam Hernández, Violeta Parra y Eladia Blázquez.

En el recital, con el que Beatriz retorna a los escenarios, habrá también baladas de Mecano, Trigo Limpio y Mocedades.

¿Pero cuál es la esencia de esta indómita mujer?
“No es complicada, es simple. Amo las cosas que todo el mundo ama; hijos, casa, perros y el amor infinito a la música”.

Al hablar de sus parejas, ella admite que se ha dejado amar y que también ha amado (en ese orden). Sorprende el hecho de que siendo una mujer interesante, y con múltiples cualidades a la vista se encuentre sola.

“No soy de las que salgo mucho. No llevo una vida socialmente activa. Me considero extremadamente tímida. Cuando me doy finalmente, rompo una barrera y puedo ser más natural. A mis parejas las he conocido por situaciones eventuales o casuales. Nunca he aceptado tomarme un café con alguien. Jamás he tenido una cita. Mi próximo amor lo conoceré así. No me gusta forzar nada, creo mucho en el destino”.

TEXTO: Santiago San Miguel P. 

FOTOS: Jonathan Miranda.

Texto tomado de: Diario Expreso 
Blog Widget by LinkWithin