domingo, 22 de noviembre de 2009

Viñedos en Playas, espectacular ‘paradoja’ ecuatoriana

Ojo a la Gastronomía
Epicuro | epicuro@eluniverso.com

Sabemos que no es nada fácil lograr un vino digno de este nombre en tierra ecuatoriana. Solo unos locos entrañables se aventuraron en aquel complejo mundo. Hay que rendir tributos a pioneros como aquellos que cultivaron uvas en Pomasqui, a Mauricio Dávalos, fanático capaz de invertir mucho  dinero en el Valle del Chota. La idea no era descabellada pues los españoles ya elaboraban vino de misa en este sector por el año 1584.

Dick Handall en Chaupi Estancia (Yaruquí) logró producir un muy honesto Palomino, pero no alcanzó la calidad anhelada en sus tintos. Fui a recorrer aquel sector y me emocionó observar cómo experimentaba a regular  altitud con cepas de todo tipo.

Hace una semana me llegó una botella de hermosa presentación: etiqueta negra con letras doradas, acabado perfecto en el encorchado. Consciente de que el más bello vestido puede ocultar un cuerpo defectuoso, abrí la botella con escepticismo, vertí en una copa especial para catar una  pequeña cantidad de vino.

Me llamaron la atención de inmediato el color rubí intensamente oscuro con estallidos de violeta, el aroma de  vainilla que hablaba de barrica francesa. Me pregunté si se había usado aquel tipo de madera o las virutas de roble cuyo uso la Unión Europea recién ha permitido. Solo podría contestarme esta pregunta el enólogo mendocino Abel Furlan. ¿Quién es él? Pues háganme el favor de consultar yahoo.com: se quedarán asombrados.

Lo único que sabía era que Furlan tenía su vino de autor, el Malbec que lleva su nombre. Probablemente admirador de Émile Peynaud (el ídolo de Epicuro), Paola Gho, el slow food; desconfiado frente a los gurús como Hugh Johnson y Robert Parker, no es solamente el enólogo capaz de elaborar con ciencia y conciencia el mejor vino sino el catador exigente, el sibarita entrañable con el que sueño compartir una cena en casa. Lo tenemos elaborando aquel tinto Paradoja en San Miguel del Morro, muy cerca de Playas, adonde viajé hace una semana. Esencial es la labor del técnico agrónomo brasileño Huil Germano. Llamé entusiasmado a mi amiga Grace Donoso, supe que Paradoja había sorprendido a los catadores de la Cofradía del Vino y conquistado la nariz del afamado enólogo Pablo Conselmo.

Al husmear el tinto Paradoja, supe que estaba frente a un gran producto; aromas frutales y de vainilla en el ataque, gran predominio del Malbec luego lo encontraría lleno en boca, con  leve amargor que no me desagradó, final persistente, taninos suaves que dejan presagiar posibilidades de guarda. Probé también el Bruma: ensamblaje de Pinot noir, Sirah, Merlot, Cabernet Sauvignon, vino muy amable de intensas  frutas rojas, color curiosamente pálido (siendo ensamblaje) que no le resta calidad, recordándome el tono del clarete bebido en Aranda de Duero. ¡Y qué aroma hermoso me dejó la copa vacía de Paradoja! Al escanciarla, encontré cristales de bitartrato, lo que no es ninguna mala señal. ¿No hubo filtrado?

En San Miguel del Morro están seis hectáreas de viñedos donde predominan el Malbec y el Cabernet Sauvignon, siendo esta última cepa la más resistente, la más adaptable. El clima permite dos vendimias por año. Al dar una planta cuatro botellas, estamos hablando de un vino de buena calidad, alto rendimiento, siendo quizás lo ideal una botella por planta, lo que en el futuro podría permitir la elaboración de vinos Premium. No tuve la oportunidad de probar el Chardonnay. Me siento orgulloso de vivir en un país donde empresarios de  visión y talento permiten al Ecuador  alcanzar semejante progreso.


Texto tomado de: La Revista

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